Vida marina en la Antártida
Adaptaciones a las condiciones extremas

Llegar a ser un "gigante", crecer despacio, tener pocas crías y cuidarlas, vivir muchos años y una amplia gama de estrategias alimentarias son algunas de las adaptaciones que han logrado diversos invertebrados del fondo marino antártico.

El gigantismo se habría favorecido por la escasez de predadores y la larga vida
El tamaño grande es más frecuente en los invertebrados de cuerpo blando que requieren poco calcio, como esponjas, crustáceos, pignogónidos (“arañas de mar”), poliquetos (“gusanos marinos”), nudibranquios y ascidias.

Se han encontrado esponjas de mas de 120 kg. de peso, y entre los crustáceos, el isópodo Glyptonotus antarcticus es un gigante cuyo adulto llega a tener entre 10 y 20 cm de longitud y hasta 70 gr. de peso.
Invertebrados de esqueleto muy calcificado (como erizos, estrellas de mar) o en valvas (como moluscos bivalvos y caracoles), tienen problemas para depositar el calcio a bajas temperaturas y en consecuencia ven limitada su posibilidad de desarrollar gran tamaño. Además las valvas en general son muy quebradizas y sin ornamentos (tan frecuentes en mares tropicales).

En relación a su reproducción, la producción de pocos huevos y de larvas con sus propias reservas nutritivas desplazándose en la columna de agua domina en los invertebrados de poca profundidad. Es que la disponibilidad de comida (en especial microalgas) en la columna de agua es muy cambiante e impredecible y por tanto los padres suministran reservas suficientes al embrión y a las larvas.


El Hielo marino antártico y sus relaciones con la vida


Las variaciones estacionales resultan en tremendas fluctuaciones en el área de hielo marino de la Antártida. De unos 20 millones de km2 de cobertura en septiembre, a sólo 4 millones de km2 en el mes de marzo. Una disminución de hasta el 75 % de su superficie.

Las heladas barreras marinas en continua dinámica se alimentan en superficie con hielo y nieve, y por debajo con la adición de cristales de hielo. Influencian en la creación de frías aguas antárticas, las que se distribuyen por el fondo hacia diversas zonas de los océanos del mundo.

Los hielos marinos distan mucho de ser masas esté-riles carentes de vida. Diversas comunidades de microalgas entre las que dominan las diatomeas crecen en ellos, y al descongelarse, las algas pasan a enriquecer la comunidad de fitoplancton de la columna de agua.

Crustáceos que quedan atrapados en la cara inferior del hielo, como el krill, podrán ser presa de las aves al invertirse gélidos bloques tras rupturas del pack. Entre pingüinos y focas, hay especies que encuentran en el hielo un medio de transporte, plataformas de descanso, superficie a resguardo para mudar, comer, obtener protección contra predadores como las orcas o hasta dar nueva vida, como el caso de la foca de Weddell (Leptonychotes weddelli) o el Pingüino Emperador (Aptenodytes forsteri).

En relación al mar, el campo de hielo actúa como filtro de los rayos solares. Además, resulta una barrera para el intercambio entre la atmósfera y el océano, ya sea de calor, gases o fuerzas como las creadoras de olas.

La influencia del hielo también se hace notar sobre la vida en el fondo del mar: los bloques de hielo continental pueden liberar "lluvias" de sedimentos al descongelarse; y témpanos que transportan grandes bloques de roca en su interior, los desprenden al derretirse.

El hielo es clave en el control de la producción y estructura de las comunidades biológicas y tuvo su influencia en el surgir de organismos con fabulosas adaptaciones a las bajas temperaturas y a evitar el peligro de congelamiento.

En la superficie del hielo marino se desarrollan como piletones creados por infiltración de la nieve. En estas depresiones -puede llegar a infiltrar el agua de mar incluyendo cuerpos germinativos de orga-nismos así como nutrientes para la fotosíntesis. Si hay luz suficiente puede haber una floración algal. Se estima que estas comunidades de superficie llegan a cubrir hasta la mitad del campo de hielo antártico.
Las Aves

Alrededor de 40 especies de aves son importantes nidificantes al sur de la Convergencia Antártica. En comparación, en el Artico nidifican unas 70 especies de aves, y pasan allí todo el año menos de una docena, mientras que sólo en el Parque Nacional Iguazú, que protege el área de mayor biodiversidad de nuestro país, hay 448 especies registradas.
Es claro que la diversidad de aves es baja en la Antártida, aunque el número de individuos de algunas especies es altísimo.
Los ambientes extremos del Artico y la Antártida tienen rigurosas e impredecibles condiciones climáticas, y cortos períodos adecuados para que las aves realicen sus ciclos reproductivos. De ahí que retrasos en sus fechas de llegada, en la puesta de sus huevos, y en la partida, pueden ser críticas. La pérdida de huevos y pichones en algunos años puede ser alta, en general por malas condiciones climáticas. También se sabe que hay gran variación en el éxito reproductivo según los individuos. Por ejemplo, los más experimentados pueden tener mejores resultados.
Si bien las aves están adaptadas a condiciones extremas, también han jugado en su éxito la ausencia de predadores terrestres, y competencia entre nichos no muy intensa.

Casi todas nidifican en las limitadas zonas costeras libres de hielos, espacios por los cuales puede haber competencia. Así por ejemplo, en la isla 25 de Mayo de las Shetland del Sur, menos del 5 % de las costas permanecen libres de hielos.
Anticipando la llegada del invierno, las aves migran en retorno a menores latitudes. O al menos casi todas ellas. El Pingüino Emperador permanece sobre el pack de hielo incubando su único pichón, y el pingüino Adelia se desplaza hasta el borde del pack, donde encuentra buen sustento.

Los pingüinos

Animales de cuerpo hidrodinámico, con potentes aletas propulsoras, patas palmeadas, extraordinaria capacidad de natación y buceo. ¿De quienes se trata?
Pues de los pingüinos, el grupo de aves mejor adaptado al medio acuático en el mundo.
El buceo con propulsión de “alas” existe en otros tres grupos de aves. Los miembros de la familia Alcidae del Hemisferio Norte; los Cinclidae; y los Yuncos o Petreles zambullidores, aves marinas de la familia Pelecanoididae. Estos grupos no perdieron su capacidad de volar aunque se redujo la superficie de sus alas, logrando más eficiencia bajo el agua.
Pero el extremo de adaptación son los pingüinos. Sus extremidades y esqueleto están comprimidos, y las alas se han reducido. La articulación del hombro y los músculos del vuelo de las alas están especializados, resultando una extremidad relativamente rígida. Las alas se han convertido en auténticas aletas!
Para su vida acuática y lograr aislamiento de las bajas temperaturas, los pingüinos tienen plumas especializadas. Las impermeabilizan con la lubricación de una glándula especial, y entre ellas se forma un estrato de aire. Además, poseen una capa de grasa debajo de la piel.
Ante el riesgo de calentamiento fuera del agua, el superficial sistema de vascularización de las extremidades ayuda a disipar calor.

Sus colonias se establecen cerca de fuentes de alimento. Finalizado el período reproductivo y la posterior etapa de comer en el mar, el plumaje pierde impermeabilidad y aislamiento y deben permanecer en tierra para renovarlo. Si bien son bastante inactivos en esta etapa, deben recurrir a reservas de grasa para mantener la temperatura del cuerpo y generar nuevas plumas. El Pingüino Emperador puede perder hasta el 45 % de su peso tras sus 34 días de muda.

El ciclo del Emperador

Entre fines de marzo y principios de abril, mientras la mayoría de las aves antárticas está en su migración hacia el norte, el pingüino Emperador se dispone a iniciar su ciclo reproductivo sobre el pack de hielo, que se extenderá durante el invierno.
Llega a formar densas colonias de hasta 10 individuos por metro cuadrado. Tras la cópula y el cortejo, entre mayo y junio ponen su único huevo. Lo colocan entre sus patas, transmitiéndole calor corporal. Es el macho quien inicia la incubación. Hasta que les llegue el relevo, pasarán entre tres a cuatro meses con temperaturas invernales de entre - 40 ºC y - 60 ºC.
Si la eclosión del huevo se da antes del retorno de la hembra, el macho puede alimentar al pichón con una sustancia que secreta en su esófago, adaptación única entre los pingüinos.
Hasta el retorno de su pareja, el macho llega a perder casi el 50 % de su peso. Recupera energías en el mar y a las tres o cuatro semanas regresa.
Ambos sexos se alternan entonces en la búsqueda de sustento para el pichón, quien para fines de octubre recibe hasta un tercio de su peso en comida.
En tanto, los pichones forman compactas guarderías, logrando mayor protección contra las tormentas, potenciales causantes de muchas muertes. Por ejemplo, pudieron ser responsables en el caso registrado al este del Mar de Wedell, en la colonia de Riiser Larsen, adyacente al campo de hielo del mismo nombre. En 1986 se censaron en el lugar 5.900 parejas reproductoras. En noviembre de 1994, se observaron en un solo día los cuerpos sin vida de 1.000 pichones de entre dos y seis semanas de vida.
Falta de aporte de comida por parte de los padres, o rupturas prematuras del campo de hielo en la zona de la colonia antes de que los pichones terminen la muda, también pueden motivar bajas importantes. Al comienzo del verano, con menos hielo y más peces en el mar, los pichones inician por fin sus incursiones acuáticas.


Los pingüinos Adelia, Barbijo y Papua.

Los pingüinos Adelia, Barbijo y Papua representan cerca del 70 % de biomasa de aves de la Antártida y tienen importantes colonias en la Península Antártica.
Entre ellos, el Adelia es el mejor adaptado a las inclemencias climáticas. Su plumaje es denso y largo, y tienen una buena capa aislante de grasa bajo la piel. Además de aislante, es una reserva de energía para los períodos de incubación, cortejo y muda.

Desde 1970, la superficie del hielo marino invernal alrededor de la Península Antártica e islas cercanas se está reduciendo en forma drástica, y en relación a ello, disminuiría el número de pingüinos en las colonias de Adelia de la región. Por ejemplo, desde 1989, los números de Adelia y Barbijo han caído alrededor del 35 % y el 40 % respectivamente en la isla 25 de Mayo (Shetland del Sur).

Con menos hielo, hay menos biomasa de algas en ellos , y por tanto menos fuente de comida para krill en la zona. Aunque estas conclusiones no son del todo claras y hasta se han dado referencias de consecuencia opuestas. En colonias del Mar de Ross, investigadores de Nueva Zelanda concluyen que ante el aumento de temperatura, cae la mortalidad de adultos y hay más pichones. Las pingüineras estarían allí creciendo.

De huevos y pichones...
Las colonias de Adelia y Barbijo tienden a mantenerse en el mismo lugar temporada tras temporada, y el Adelia es el más fiel a su pareja y a su nido.
Llegando el ocaso de octubre, los Adelia arriban a la colonia. Construyen o reacondicionan sus nidos sobre pequeñas piedras, reduciendo el riesgo de inundación o de que queden tapados en temporales de nieve.

Siguen el cortejo y la cópula y en la primera quincena de noviembre, hacen su puesta de dos huevos. Ambos padres se alternan en la incubación, que se extiende unos 33 días. Tras la eclosión, comparten la búsqueda de comida y los pichones son alimentados por regurgitación. Con la ayuda de sus variadas voces y señales visuales, pueden identificar a su pareja y a sus pichones.

A fines de diciembre y durante enero, llegan los juveniles no reproductores. Ayudan a dar cohesión a las guarderías de pichones, y hasta colaboran en la incubación de huevos o protección de pichones abandonados. Buena práctica para el futuro. Los padres, en tanto, están en el mar en busca de comida.
Ya hacia fines de febrero, casi todos los pichones han dejado las colonias. Los adultos reproductores y los juveniles mudan en febrero y marzo. Después, parten en su mayoría hacia el borde del campo de hielo, donde comen durante el invierno.

El Pingüino de Barbijo inicia la formación de sus colonias reproductivas unas dos o tres semanas más tarde que el Adelia, y tiene un ciclo similar. Elige costas más escarpadas, y en muchos casos sus asentamientos están junto a los del Adelia o Papua.
Las colonias de Papua suelen desplazarse algunas decenas de metros cada año, lo que permite una mayor recuperación de la vegetación de musgos y líquenes, de existir. Los Papua son los últimos en irse al finalizar el período reproductivo, y sus adultos son los únicos pingüinos antárticos o subantárticos que ya en el mar, siguen cuidando a sus pichones.

¡A comer!
Según algunos datos recientes para la Península Antártica e islas subantárticas, el krill llega a representar hasta el 95 % y más aún de la dieta del Pingüino Adelia, del Pingüino de Barbijo y del Pingüino Frente Dorada. Para el Papua, se encontró que las poblaciones más australes ingieren más krill, mientras que hacia el norte, se incrementan los peces, aunque es variable según los años.
Cada especie recorre diferentes distancias hasta llegar a sus fuentes de comida en la etapa reproductiva. El Adelia no se alejaría más de unos 50 km de sus colonias, el Pingüino Frente Dorada (nidifica en islas subantárticas y también en las islas Malvinas) hasta 250 km, mientras que el Pingüino Rey (nidifica en las islas Malvinas e islas Georgias), basa más su dieta en peces, y se distancia hasta 900 km de la colonia.
Hay que “pasar el invierno”
Los mayores gastos de energía en el ciclo de vida de los pingüinos se dan durante la reproducción y el cambio de plumaje. Y la disponibilidad de comida, parece ser el factor que más regula el número de individuos en las colonias.
Pero pasar el invierno en altas latitudes también requiere lo suyo. Hace más frío, los días son muy cortos y la comida es más escasa y cuesta encontrarla.
De seguimientos del Papua a lo largo de un año en las islas Georgias del Sur, se determinó al krill como dominante en su dieta, tanto en verano como en invierno. Pero para un esfuerzo de búsqueda similar, en promedio el peso del contenido estomacal fue un 37 % menor en invierno que en verano. En años de escasez de krill, los peces dominan en la dieta del Papua en la zona de las islas Georgias.


Fuente: Santiago G. de la Vega, 2000. Patagonia, las Leyes entre las Costas y el Mar, Contacto Silvestre ediciones.
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