Bosques patagónicos y Bosques fueguinos
La seducción de las flores

En el bosque, las plantas polinizadas por insectos suelen tener floración muy estacional, durante uno a dos meses.
Cuatro grupos serían los principales protagonistas entre los insectos polinizadores del bosque valdiviano.
Con el inestable clima de este ambiente, los polinizadores habrían sido presionados en su evolución a ser poco específicos en la elección de comida. Es muy riesgoso apostar todo a una misma carta.

En general, los Coleoptera (grupo que incluye los escarabajos) son poco especializados en la polinización, y suelen visitar flores grandes.

El grupo de las moscas (Diptera) está mejor adaptado. Tienen trompas más o menos desarrolladas para chupar nectar. Aunque su dieta es variada, incluyendo tambien excrementos, por ejemplo. En las mariposas diurnas y nocturnas (Lepidoptera), la especialización hacia la polinización es mayor.

Pero son las abejas y abejorros (Hymenoptera) los polinizadores de mayor eficiencia. Al recolectar nectar también para su colmena, deben visitar cientos de flores por día para poder satisfacer las necesidades. Incluso han desarrollado complejos sistemas de comunicación. Las obreras realizan danzas que indican a sus pares la distancia, ubicación y riqueza de la fuente de alimento, y utilizarían el sol como referencia.

Entre las formas más llamativas, existen abejorros (Bombus sp) de frecuente observación. Por ejemplo, sobre flores de arbustos en el Bosque Valdiviano, en la primavera.

Las flores también pueden resultar buen refugio o sitio para el apareamiento de insectos. Por la mañana temprano, se llegan a encontrar insectos protegidos en el interior de flores que se cierran con la oscuridad.

Las aves polinizadoras en el bosque

El Picaflor Rubí (Sephanoides sephanoides) es única en el bosque entre las aves que basan su dieta en el néctar de las flores y sería un efectivo polinizador. Se distribuye desde Neuquén hasta Tierra del Fuego, y también tiene registros ocasionales en las islas Malvinas.
Lo seducen flores rojas o rosadas, de corola larga y tubular, con abundante y diluído nectar.

Hay otras especies de aves que también incluirían néctar como parte de una dieta generalista. Aunque no es claro si estas aves ac-tuán o no como polinizadores.

La mayoría de las plantas polinizadas por el Picaflor Rubí florecen en primavera y verano. Entre ellas, por ejemplo, el Notro (Embothrium coccineum), el Siete Camisas (Escallonia rubra), el Quintral (Tristerix corymbosus), la Botellita (Mitraria coccinea), arbusto apoyante de hasta 3 m de altura, el Chilco (Fuchsia magellanica).

El Quintral, enredadera hemiparásita que se distribuye entre Neuquén y Chubut, extiende su floración al otoño e invierno y es alimento exclusivo de las poblaciones de Picaflor en los meses fríos.


Algunos árboles del bosque


Los Nothofagus

Los árboles del género Nothofagus incluyen unas 40 especies vivientes. De ellas, 9 crecen entre los bosques del sur de la Argentina y Chile, y 31 especies en Australasia.
Se conocen además fósiles de otras 40 especies. En la Península Antártica y en Tasmania hay numerosos fósiles de este género (incluso hay registros a tan sólo 400 km del Polo Sur).

Cuando las masas continentales estaban unidas tuvieron oportunidad de extender su distribución (ver pág. 00). Pero no es claro donde se originaron y como fueron sus rutas de migración. Aunque por la abundancia y amplia distribución de sus granos de polen, se considera que no habrían llegado hasta Africa y la India.

Las catástrofes naturales son importantes en la regeneración de los Nothofagus de nuestra región. Es que en general no toleran la sombra y sus plantínes necesitan la formación de claros bien despejados para desarrollarse.
La actividad volcánica y los terremotos son comunes en diversas áreas de los bosques andinos. Algunas especies de Nothofagus son las primeras en establecerse y dominar en las zonas devastadas. Con el tiempo, especies de lento crecimiento y más tolerantes a la sombra, los van reemplazando.

Dependen del viento para su polinización. Tienden a producir semillas en forma masiva y el viento también es su agente dispersor más importante.
Llegan a convertir al suelo en un inmenso semillero, pero también hay años pobres. Es que requieren un período de recuperación para acumular suficientes reservas antes de poder tener otro año de producción muy numerosa. En tales ocasiones, el porcentaje de semillas viables también es mayor.


La Lenga

Es el árbol que cubre mayor superficie en nuestros Bosques del Sur. La zona del lago Epulaufquen, en Neuquén, es el límite norte de distribución en el país. Desde allí, con algunas interrupciones, llega hasta Tierra del Fuego.
Requiere bajas temperaturas para su buen desarrollo. Los bosques de Lenga más impresionantes crecen en Tierra del Fuego, con ejemplares de tronco recto y cilíndrico que superan los 30 m de altura y 1,5 m de diámetro. Alcanzan hasta 300 años de vida.

En forma achaparrada crece en el límite de crecimiento en altura de la vegetación. Hasta cerca de los 1.800 m sobre el nivel del mar en Neuquén, y a 600 m en Tierra del Fuego.

A elevaciones crecientes sobre las laderas andinas, tiende a formar bosques puros. Mientras que en zonas más bajas forma bosques mixtos con el Coihue, el Pehuén y el Raulí. Y en la zona austral, con el Guindo. Pierde las hojas en el otoño.
Donde hay cañas, la regeneración de los plantines de Lenga pueden quedar latentes por varios años hasta que surga un claro en el bosque.


El Ñire

Desde Neuquén a Tierra del Fuego. Es una especie que se adapta a crecer bajo condiciones muy variables. Desde zonas con mal drenaje cercanas a turberas, hasta laderas de fuertes pendientes expuestas a los vientos. También soportan las bajas temperaturas. Sus forman varían desde arbolito pequeño de alrededor de 15 m de altura en Tierra del Fuego, a arbusto achaparrado. Raramente cumple los 200 años de vida.
Su corteza gris es muy agrietada. En el otoño, sus hojas se tornan rojizas antes de caer.
En muchos ejemplares se da la muerte parcial de la copa, en especial hacia la zona de transición con la estepa y la edad sería la principal causa.


El Coihue

El Coihue crece en el Bosque Valdiviano, y en altura sobre las laderas llega hasta cerca de los 1.000 m sobre el nivel del mar. Prefiere suelos humedos.
Es el más grande entre nuestros Nothofagus: supera los 40 m de altura, con troncos rectos y cilíndricos de más de 2 metros de díametro. Los ejemplares más "veteranos" tienen entre 500 y 600 años de edad. Su corteza presenta fisuras poco profundas, buen soporte para el desarrollo de epífitas, como podes observar.

Es una especie siempreverde y sus hojas tienen adaptaciones al frío y a la pérdida de agua. Requiere buena luz, creciendo rápido en áreas abiertas. Grandes tronco caídos que asomen por encima del nivel de sombra de las cañas pueden ser un buen sustrato donde crecer. Forma bosques puros y bosques mixtos. Sea por ejemplo con el Roble Pellín en las zonas más humedas; con la Lenga, en areas más elevadas; o con el Ciprés, hacia zonas bajas y menos lluviosas. La caña Colihue llega a formar densos canaverales bajo el bosque de Coihue.


El Guindo o Coihue de Magallanes

Reemplaza al Coihue en el bosque austral. La zona oeste del Lago Azara sería su límite norte de distribución. Hacia el sur, crece hasta Tierra del Fuego e Isla de los Estados, con preferencia por zonas de alta humedad.
Alcanza los 25 m de altura y su tronco recto y cilíndrico tiene hasta 1 m a 1,5 m de diámetro. Puede alcanzar hasta 500 anos de vida. Es siempreverde y sus hojas son coriáceas.

En su área de distribución hay muchos glaciares en retroceso, dejando morenas expuestas. Terreno donde la falta de nitrógeno es uno de los principales limitantes para el crecimiento de las plantas. El Guindo es uno de los primeros colonizadores. Es que además de tener raíces asociadas a bacterias u hongos fijadores de nitrógeno (micorri-zas), las especies siempreverdes serían más tolerantes en esas condiciones.
En el Parque Nacional Torres del Paine, se comprobó que el Guindo y también el Ñire, tienen una tasa de crecimiento hasta tres veces mayor que la Lenga en sustratos de morenas.

Los Mamíferos

En los Bosques del Sur, la diversidad de mamíferos en relación a los bosques templados de Norteamérica es baja. Además no hay mamíferos nativos de gran tamaño comparables, por ejemplo, a osos o a cérvidos como el Alce.
En relación con las selvas más cercanas (en el Noroeste de nuestro país) y considerando mamíferos medianos, en nuestros bosques no hay ni monos, ni agutíes, ni pacás, ni ardillas, y los murciélagos presentes son escasos. Por último, teniendo en cuenta los pequeños mamíferos, en los Bosques del Sur hay muchas especies endémicas, factor relacionado con el aislamiento.

Los cambios climáticos y geológicos del pasado en cierto modo tuvieron que ver con la baja diversidad actual, y no solo en los bosques. Durante las glaciaciones, por ejemplo, la escasa capacidad de dispersión de los mamíferos habría limitado sus posibilidades de adaptarse.
Los mamíferos en su mayoría no serían buenos "viajeros de larga distancia" para expandirse desde o hacia ambientes aislados. No resisten mucho tiempo sin comida, y mucho menos sin agua. Además, un mamífero adulto necesita una pareja, y una cría necesita una madre. Los juveniles no tienen las ventajas de adaptación que puede tener una planta, insectos, o reptiles, ni la capacidad de vuelo de las aves. Sus chances de colonización suelen ser bajas.
En nuestros bosques, la diversidad y densidad de mamíferos en general disminuye hacia el sur, mientras que hacia el oeste, cruzando a Chile, hay menos variaciones.


Los Cérvidos

El Huemul

El Huemul es una especie endémica de la región y en peligro de extinción. En nuestro país se conocen poblaciones aisladas entre Neuquén y Santa Cruz. Durante el verano habita terrenos escarpados en zonas elevadas, por encima del límite de las lengas achaparradas. Ante la llegada del invierno, baja hacia zonas de bosques en valles protegidos. Parecería preferir la zona de transición entre dichos ambientes: pastorea en áreas abiertas y entra al bosque en busca de refugio.

Los machos tienen cornamentas bifurcadas y son más grandes que las hembras. Se desplazan solitarios o en grupos de 2 a 3 ejemplares. Pueden ser un macho, una hembra, y un juvenil, o a veces sólo hembras. En invierno podrían formar grupos más numerosos.

Su dieta herbívora varía entre invierno y verano, según el cambio de habitat. Tallos, hojas y flores de hierbas: arbustos como el Maqui, Chilco, Chaura; y entre los árboles, renovales de Lenga, y de Roble Pellín.
Entran en celo en otoño, y la gestación se extiende entre 6 y 7 meses. Con la llegada del invierno, voltean sus astas. Entre fines de primavera y principios de verano, paren una cría. El Puma preda a los adultos, y el Zorro Colorado y el Aguila Mora predarían a las crías recién nacidas.
El aislamiento, la destrucción de su ambiente natural, los incendios, la caza, la competencia por ganado doméstico además de las enfermedades que este le transmite, y la introducción de especies exóticas como el Ciervo Colorado, son las principales razones que lo han llevado a una situación crítica. En el Parque Nacional Los Glaciares parece tener suficiente disponibilidad de habitat en primavera y verano, pero no así en invierno.


El Pudú

El Pudú es una especie endémica del bosque Valdiviano, adaptada a desplazarse en los densos cañaverales y ñirantales. Con una alzada de apenas entre 35 y 40 cm y peso de entre 9 y 11 kg, es el cérvido más pequeño del mundo. Se desplazan solitarios, o un macho con su hembra, y a veces formando pequeños grupos. Los machos alcanzan la madurez sexual al año de vida y la pareja tiene una cría. El Puma y el gato Guiña son sus predadores naturales. Aunque ya desde hace tiempo se han sumado los perros y el hombre.

Mantenerse en grupo en los densos y cerrados cañaverales del Bosque Valdiviano donde habita el Pudú debe tener sus complicaciones. Por otra parte, en caso de formar grupos, podrían resultar predados más fácilmente que en un ambiente abierto. La mejor estrategia para este pequeño cérvido resulto entonces ser solitario y esquivo.

En ambientes despejados, en cambio, a los cérvidos les resultaría más favorable mantenerse en grupo. La detección temprana de peligro y la defensa grupal, son valiosas ventajas. Podría haber sido el caso en el pasado para el Huemul (cuando era más abundante) al formar grupos numerosos, al menos en ciertas épocas del año. Hay registros de principios de siglo de hasta 100 individuos de huemules en el área del lago Argentino.

El tamaño y complejidad de las astas de los ciervos tendría cierta relación con la estrategia reproductiva y estructura social. El Pudú, solitario habitante de los cañaverales, tiene sólo una hembra como pareja. No requiere astas elaboradas para competir por ella. Justamente sus astas son muy pequeñas y sin ramificaciones. Le servirían más que nada como armas contra otros machos, y tal vez también contra predadores.
En especies más sociables, la tendencia es diferente. La mayoría de los ciervos más evolucionados, tienen astas complejas que se emplean especialmente en la competencia por las hembras.




Fuente: Santiago G. de la Vega, 2003 (tercera edición). Patagonia, las Leyes del Bosque, Contacto Silvestre ediciones.
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