Patagonia costera

La reproducción del Elefante Marino del Sur

Los machos más agresivos y vigorosos del Elefante Marino del Sur forman harenes con decenas de hembras, y mantienen sus territorios por largo tiempo.
Mientras que muchos machos quedan excluidos y no llegan a tener relaciones con las hembras.

Hay machos dominantes con registros por temporada de más de 100 hembras bajo su tutela (no con todas resultan uniones fértiles), aunque en promedio son muchas menos. Pueden mantenerse como dominantes alrededor de tres estaciones. Una hembra grande, en cambio, da a luz sólo una cría por año, y llega a parir como mucho unas 16 crías en su vida.

Resulta evidente entonces que el potencial reproductivo del macho es mayor que el de la hembra. El éxito en la reproduccion en este caso depende de la fuerza y agresividad del macho para defender sus hembras, y del vigor sexual para fecundar a la mayor cantidad de ellas.

Durante miles de años de selección natural se habrían favorecido los caracteres de agresividad, gran tamaño y vigor sexual. Además, el macho adquirió grandes dientes caninos que utiliza en sus disputas, y la probóscide, cámara resonante para sus vocalizaciones. Con limitada capacidad de moverse en tierra, sumando el riesgo de sobrecalentamiento en calurosos días de playa, adquirir la probóscide le permitió defender su territorio con amenazantes vocalizaciones, sin tanta necesidad de ir de aquí para allá.

Lo cierto es que los Pinnípedos son los mamíferos con mayores diferencias de tamaño entre macho y hembra, y el Elefante Marino del Sur es el caso extremo.
Aunque el ser muy grande y agresivo, pueden ser armas de doble filo. En defensa de su territorio, a veces aplastan crías sin siquiera notarlo. También se ha observado a machos que interrumpen el acto sexual para lanzar su agresividad hacia algún macho intruso.

Las hembras del Elefante Marino, por otro lado, viven amontonadas en el pequeño territorio del harén. Parte de la razón de ser de tener un reducido espacio estaría en el hecho de que les cuesta moverse en tierra.

Entre los mamíferos, las hembras de esta especie son las que requieren de menos galanteos y cortejos antes de la cópula. Tras dar a luz, muestran una alta receptividad sexual.

Aunque también tendrían cierta capacidad de rechazo y de elegir al sexo opuesto. En estro temprano, y ante el avance de un macho subadulto, por ejemplo, pueden quejarse ruidosamente y tratar de evadirse. Un macho dominante alertado por las “quejas” femeninas, podrá entrar en acción y ser él luego quien copule a la hembra.


La vida en costas rocosas


Un fondo rocoso es un buen lugar para que los organismos se fijen, y resistan el embate de las olas. Además, no existe la acción abrasiva que se da en costas arenosas y hay suficiente oxígeno, al darse buena exposición al aire con marea baja.
No todas son ventajas. Al descender la marea, las rocas no retienen agua, y los organismos marinos expuestos al aire solo recibirán la influencia de salpicaduras.

Entre las macroalgas, las que viven entre la línea de mareas en general son de dimensiones reducidas. En aguas poco profundas, muchas son flexibles y pueden ondear acompañando el movimiento del mar.

Aunque en las costas más expuestas a los embates del mar, grandes volumenes de macroalgas son desprendidas del fondo y depositadas en las playas (arribazones), en especial después de tormentas.

Entre ellas hay gusanos marinos (poliquetos), crustáceos (anfípodos e isópodos), moluscos (caracoles, bivalvos), e insectos (del grupo de las moscas, por ejemplo). El Sobrepuesto, la Golondrina Patagónica y el Pato Crestón, son algunas aves marinas que hurgan allí en busca de comida.

Sobre intermareales rocosos o zonas de restingas, aves como los ostreros y gaviotas encuentran sustento. Con marea alta, en dicho ambiente suelen buscar comida el Macá Grande, gaviotines, y cormoranes.

La irregularidad de la superficie rocosa, en parte determina el número de refugios para los organismos. Por ejemplo, el borde de las restingas hacia el mar es muy irregular, con múltiples pozas y cuevas pequeñas. Allí crecen desde briozoos (organismos coloniales) y anémonas, diversas algas, mejillones, y caracoles como los Trophon y las Tegula. Quienes se fijan sobre paredes verticales, resultan más inalcanzables para muchos predadores.

Ritmos para ir adaptándose surgieron en los organismos. Aquellos que cuentan con cierta movilidad, como ser caracoles, lapas, quitones, estrellas de mar y erizos, necesitan también adherirse con firmeza, al menos por ciertos períodos al bajar la marea. Muchos poseen valvas duras, o gruesa cobertura, y secretan un mucus de fijación; estrellas y erizos tienen estructuras que hacen ventosa. Mejillones y mejillines se fijan con el biso, unos filamentos muy resistentes a la tracción. Hay quienes excavan en la roca, como ser ciertos bivalvos y gusanos marinos (poliquetos).

Las Aves marinas

Sobre las costas de la Patagonia continental y distribuídas en 62 localidades, se detectaron al menos 112 colonias de aves marinas, integradas algunas de ellas por hasta 5 especies (según relevamiento aéreo de la Fundación Patagonia Natural del 18 noviembre al 5 de diciembre de 1990; algunas zonas no se relevaron).
El 58 % de las colonias estaban en islas o islotes, el 36 % sobre la costa continental, y el 6 % en islotes o rocas que se unen a la costa durante la marea baja.

Claro que la distribución, y más que nada el nivel poblacional de las colonias de aves puede tener sus cambios. Las afectan, por ejemplo, fuertes tormentas, escaséz de comida, enfermedades, y hasta catástrofes muy puntuales, como ser derrumbes de acantilados que destruyen nidos.
De allí que tener flexibilidad en la elección del hábitat de nidificación es crítico para el éxito reproductivo de diversas aves.
Por otra parte, no se sabe que intercambio de individuos hay entre las colonias, variable importante para evitar la consanguinidad (cruces entre parientes), más probable en colonias pequeñas.

Aprovechan las costas, además, especies de aves marinas no coloniales, como ostreros, escúas, patos vapor, el Cauquén Marino. Y también especies coloniales no marinas, como ser la Gaviota Capucho Café (en el país reproduce mayormente próxima a lagunas), la Garza Blanca, la Garza Mora, la Garza Bruja, la Bandurria Común, y hasta un loro: el Loro Barranquero.

Muchas de las colonias de aves pueden ser visitadas, y según las especies, en más o en menos podremos acercarnos.


El Pingüino de Magallanes

Entre las aves coloniales, el Pingüino de Magallanes es la especie más numerosa en nuestras costas, estimándose una población superior a los 650.000 individuos.

Se distribuyen en más de 30 colonias, desde Punta Clara (Chubut), a Cabo Vírgenes (Santa Cruz).
Las costas de Santa Cruz albergan cerca del 40 % de la población de pingüinos reproductivos de la Patagonia, y se conocen al menos 22 colonias. En las islas Malvinas también nidifican, y en costas del Canal Beagle (Tierra del Fuego) hay algunas parejas reproductivas.

Macho y hembra defienden el área del nido. Durante unos 40 días se alternan en la incubación. El compartir el cuidado de los huevos les permite una atención de tiempo completo, incubar a la temperatura adecuada y brindar resguardo ante predadores. Tras la eclosión, los pingüinos dan de comer a los pichones.

La Gaviota Cocinera, los escúas, los armadillos, y el Zorro Gris Chico son predadores conocidos, mientras que el Zorrino y la Gaviota Austral posiblemente también lo sean. Cada uno puede hacer de las suyas de diferente manera. Por ejemplo, el Quirquincho Grande o Peludo actúa con bastante impunidad, mientras que la Gaviota Cocinera, preda más sobre pichones no atendidos.

Además de la pérdida por predadores, el abandono de nidos es frecuente en muchas aves marinas, y muy variable según la especie. Falta de comida, retraso en el relevo de incubación, clima riguroso, parásitos que infectan, la inexperiencia de reproductores jovenes, o conductas nuestras no adecuadas, son posibles causas.

Para el Pingüino de Magallanes, se comprobó que no hay muchos retrasos en el relevo de incubación, y quienes llegan tarde suelen ser individuos que iniciaron el ciclo en malas condiciones físicas. Una vez que los pichones están más crecidos, se juntan formando guarderías. Logran así mejor defensa y aislamiento ante el clima riguroso, y por otra parte, brindan a ambos padres la oportunidad de que salgan a buscar comida.

Con la formación de alrededor de 180.000 parejas en cada temporada, la colonia de Punta Tombo (Chubut) es la más grande en nuestras costas. Nidifican también allí el Cormorán Imperial, el Cormorán Roquero, la Gaviota Cocinera y escúas. En una isleta unos 500 m al norte de Punta Tombo, entre 250 a 500 individuos del León Marino forman colonia.

La colonia de Cabo Vírgenes, con alrededor de 80.000 individuos reproductores, es la segunda en tamaño de la Patagonia. La Mata Verde resulta casi el único arbusto que allí utilizan para nidificar. Y muy bien les viene para poder tener resguardo del clima. Es que allí hasta puede nevar en la estación reproductiva y muy poco llueve. El promedio anual de temperaturas es de 6,2º C y el de los vientos de 23 km/h, con ráfagas de hasta 150 km/h.


Fuente: Santiago G. de la Vega, 2000. Patagonia, las Leyes entre las Costas y el Mar, Contacto Silvestre ediciones.
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