Introducción
Ecos del dodo en la Patagonia

Alicia en el país de las Maravillas nos sumerge en un increíble mundo de fantasía repleto de personajes extraños. Uno de ellos es el enorme dodo, ave ilustrada con redondeada figura en más de una ocasión. Lewis Carroll dió en llamarse el autor del genial libro, publicado por primera vez en 1865 y desde entonces siempre en circulación.

Más dejemos los mundos creados por la imaginación, para conocer la verdadera historia del dodo. Se trata de todo un símbolo de la extinción, con el primer puesto indiscutido entre los registros históricos de aves extinguidas en el mundo a causa de nuestra acción.

Como ave exclusiva de una isla remota, sus poblaciones nunca habrían sido muy numerosas. Durante la evolución en un ambiente sin predadores, sus ancestros perdieron la capacidad de volar y ganaron en tamaño con la posibilidad de almacenar grasas para las épocas de escasez de sustento. Hacían la puesta de su único huevo sobre un nido elaborado en el suelo. Y con el pasar de generaciones, la especie perduró durante años contados de a millón.

Situada en el océano Indico, la paradisíaca isla del dodo fue descubierta en el año 1507 por marinos portugueses, y en 1598 los holandeses le pusieron por nombre isla Mauricio. Por décadas los navegantes hicieron frecuentes escalas, y muchos dodos fueron cazados y salados para su posterior consumo en alta mar, aunque no habrían resultado muy preciados para el paladar. Algunos fueron embarcados vivos hacia Europa para su exhibición.

En 1644 los holandeses construyeron un penal en la isla y comenzaron a destruir los bosques, y con ellos el ambiente del dodo. Por otra parte, y aquí una clave importante a destacar, ya en 1602 los navegantes habían desembarcado los primeros chanchos y cabras, y después también monos, perros y gatos. No tardaron en hacerse salvajes y algunas especies tuvieron un explosivo crecimiento poblacional. En pocas décadas causaron devastadoras consecuencias sobre el dodo, en especial sobre sus huevos y pichones de fácil predación. El último ejemplar del que se tenga registro murió en 1681, aunque la especie habría sobrevivido en la isla al menos 30 años más. Lo cierto es que a unos dos siglos del primer encuentro con el hombre, con las especies convertidas en invasoras como un grupo implicado de alta responsabilidad, el dodo se extinguió.

Hagamos ahora las conexiones con nuestra Patagonia: también un ambiente aislado hace millones de años, donde han surgido muchas especies exclusivas. Desde la llegada del hombre, y en especial en el siglo XX, ha sumado un variado conjunto de especies introducidas desde distantes regiones. El castor y el ciervo colorado; la trucha marrón y la trucha arco iris; la avispa chaqueta amarilla; la retama y la rosa mosqueta; el alga asiática Undaria pinnatifida, entre tantas más.

De hecho, las especies introducidas representan un complejo fenómeno que podemos encontrar en casi todas partes. Sea en los bosques de Nueva Zelanda, la sabana sudafricana, o las aguas del Mediterráneo. O mucho más cerca, en las playas bonaerenses, las sierras cordobesas o los palmares entrerrianos, incluso en pleno Parque Nacional El Palmar.

El tema tiene que ver con la creciente influencia del hombre y sus viajes sin fronteras. Pero además, con la formación y deriva de continentes e islas, con historias de millones de años e historias recientes, con la distribución de especies y sus centros de origen, con dispersión, adaptación, competencia, predación, oportunismo, habitats cada vez más alterados, y otra vez: habitats cada vez más alterados, y muchos ingredientes más.

La trágica historia del dodo nos tiene que servir de lección. En estos tiempos en que cada vez ponemos más animales y plantas en riesgo de extinción, también corren riesgo sus complejos lazos de interacción.

¿No tenías ni idea de estas cosas? Las invasiones biológicas también tienen mucho que ver con que tengamos poca o ninguna idea sobre que es lo que tiene que ver con ellas.

Volviendo entonces a nuestro inmenso paraíso natural que es la Patagonia, ¿está siendo invadida?, y aún antes ¿de qué se trata una invasión biológica?, o más básico todavía ¿qué es una especie invasora? Y todo este asunto, ¿es una historia de buenos y malos?

Sin más demoras, internémonos de lleno en la búsqueda de respuestas y evidencias sobre las invasiones biológicas y sus consecuencias en la Patagonia.


Santiago G. de la Vega
biólogo, ávido de Naturaleza



I - ¿Se pueden entender las invasiones biológicas?


Las cosas por su nombre

LO PRIMERO ES LO PRIMERO, y antes que nada tenemos que saber de que estamos hablando. Los mismos especialistas consideran que los significados de los términos que se usan muchas veces no quedan establecidos en forma clara, por ejemplo, en referencia a naturalizado e invasor. Incluso se interpretan de diferente modo según los idiomas.

En el siglo XIX el término naturalizado tenía extensa aplicación en publicaciones en idioma inglés. En El Origen de las Especies (1859), Darwin empleó ‘naturalized’, ‘naturalization’ y ‘naturalizing’ 35 veces en total.

Los términos invasor e invasivo, en cambio, son relativamente recientes para la ecología. El ecólogo Charles Elton fue pionero en explicar y alertar sobre el tema con su libro The Ecology of invasions by animals and plants, publicado en 1958. Presentó ejemplos de especies introducidas con tremendo impacto ecológico, económico, o social. Pero también usó el término invasión para referirse al intercambio de fauna surgido entre Norteamérica y Sudamérica después de quedar conectadas hace tiempo ya. Por cierto, en paleontología el término invasión es usado en forma frecuente para casos como este.

En la búsqueda de brindar conceptos que sirvan para interpretar el devenir de las páginas siguientes, los principales términos y criterios que empleo son:

Forman una especie el conjunto de individuos que pueden reproducirse entre sí y dejar descendencia fértil. Lo más importante que tienen en común estos individuos es su información genética, que es única. Este concepto es válido para la mayoría de los grupos de animales y muchos grupos de plantas.

En el texto doy sólo el nombre común de las especies, excepto que sea conveniente mencionar nombres científicos (en especial las categorías de géneros y familias).
Al final del libro incorporo un listado de nombres comunes y científicos de las principales especies mencionadas.

Ahora bien, en base a conceptos ecológicos y geográficos:

Las especies nativas o autóctonas son aquellas que viven en su rango de distribución natural, que es aquel hasta donde puedan llegar por movilidad propia (sin influencia del hombre). Las especies endémicas son exclusivas de una determinada región. Su existencia se relaciona con el grado de aislamiento y el tiempo transcurrido en esas condiciones.

Las especies introducidas o exóticas son las no autóctonas, introducidas por el hombre desde otras regiones en forma intencional o accidental. Se incluyen también a gametas, semillas, huevos, o propágulos que puedan sobrevivir y reproducirse.


Cuestión de plantas: de naturalizada a invasora

Criterios recientes definen como plantas naturalizadas a las exóticas que se reproducen en forma consistente y mantienen poblaciones silvestres durante varios ciclos de vida sin intervención directa del hombre.

Y se consideran invasoras a las especies naturalizadas que producen descendencia en forma frecuente, y que se dispersan las siguientes distancias de la planta madre: más de 100 metros en menos de 50 años, para grupos con dispersión exclusiva por semillas u otros propágulos; más de 6 metros en 3 años, para grupos de plantas que además se dispersan por raíces, rizomas, o estolones.

Otro criterio para establecer cuando una especie naturalizada se convierte en invasora, sería el punto a partir del cual se detectan consecuencias ecológicas, económicas o sociales.

Si bien en la práctica suele faltar información para tener en claro estas diferencias, es importante tratar de determinarlas.


Las especies invasoras en general son especies introducidas. Por sus características y las del ambiente donde se introducen, sus poblaciones se expanden sin control. Se consideran poco probables pero con alto impacto en el ambiente. Dominan, compiten, predan, se hibridan, dispersan enfermedades o alteran las condiciones en la comunidad, al cambiar el suelo, la luz o el agua disponible, los ciclos del fuego, o hasta la estructura del paisaje.

Hay consecuencias indirectas impredecibles. Así, la invasora puede resultar fuente de comida adicional para predadores nativos, y estos cambiar su dieta o aumentar su número en respuesta al nuevo alimento, y en consecuencia ejercer más presión sobre presas nativas escasas. Por ejemplo, en la zona del Parque Nacional Los Glaciares, la existencia de la liebre europea, el caballo cimarrón y el ganado vacuno, habrían favorecido al puma. Y con más pumas al acecho, más huemules pueden ser predados.

El término invasión lo uso solamente para referirme a especies introducidas por el hombre, y con alto impacto. Ya que hay especies nativas que también pueden ampliar su área de dispersión natural en forma rápida, en general por alteraciones en el ambiente, sean naturales o causadas por la influencia humana. Como la hormiga podadora en el noroeste de Neuquén; la gaviota cocinera en sectores patagónicos; la cepa caballo, un abrojo que en la Patagonia avanza sobre campos sobrepastoreados; la cotorra en la región pampeana; el vinal, un árbol en expansión en las provincias de nuestro Chaco árido; o lianas y cañas de la selva misionera que en forma rápida colonizan los claros creados con la tala de árboles.

Entre los grupos de organismos introducidos que se hacen invasores, las plantas, los insectos, y algunos invertebrados acuáticos, son en general quienes más impacto causan al ambiente y a las actividades humanas. Hay mamíferos herbívoros y peces de agua dulce que también generan gran impacto. Los mamíferos carnívoros, aves, o reptiles invasores pueden devastar ciertas especies nativas o al ambiente a nivel más localizado, si bien en general (es decir, con excepciones), no afectan tanto a nivel más amplio. Cuando la especie invasora es considerada ingeniera de ecosistema, como el castor, las alteraciones llegan a ser muy importantes.

Se ha estimado que de cada diez especies introducidas en la vida silvestre, solo una logra establecerse o naturalizarse con una población auto sostenible. Y de cada diez especies naturalizadas, solo una se hace invasora. Estos números sirven de orientación, aunque hay que tener mucho cuidado. Por ejemplo para las aves, sobre 1466 casos de introducciones conocidas en el mundo, el 49 % de ellas se estableció con éxito (si bien también debe haber introducciones fallidas no conocidas).


Resulta obvio que no todas las exóticas son invasoras, así como que estas identidades cambian según los lugares. El castor americano se comporta como invasor en Tierra del Fuego, pero en su ambiente es considerado muy benéfico para el ecosistema.

Las cosas no son tan simples como para considerar a las especies buenas o malas según sus condiciones de nativas o introducidas. Hay muchísimas especies introducidas de las que obtenemos provecho. Bien lo saben cocineras y cocineros que exploran los orígenes de sus materias primas. La necesidad de producir alimentos, medicinas, energía o fibras, entre otros motivos, nos ha llevado a trasladar miles de especies de un lugar a otro. Incluso muchas naciones han tenido o tienen algún tipo de organismo de gobierno con el fin de introducir especies con posibles beneficios económicos y sociales.

Hasta aquí los conceptos, y creo que son bastante entendibles.

Ahora bien, una vez con las manos en la masa, ¿cómo determinar si una especie es nativa o introducida?

En general con un vertebrado resulta sencillo, mientras que por ejemplo para muchas plantas e insectos puede no serlo tanto. La información sobre distribución, relaciones de parentesco, y capacidad de dispersión de las especies, además de las colecciones de instituciones como museos y jardines botánicos, y las cada vez más nutridas bases de datos electrónicas, son una gran ayuda para los especialistas.

Con grupos poco conocidos las cosas se complican. Por caso, a nivel mundial estarían descubiertos del 5 al 10 % de los hongos, estimados en hasta 1,5 millones de especies; y poco más del 10 % de los insectos, estimados en hasta 8 millones de especies. En conjunto, se habrían descubierto y dado nombre a menos del 10 % de las especies del planeta.

Por otra parte se clasifican y describen alrededor de 15.000 especies nuevas para la ciencia al año. Trabajan en ello unos 10.000 taxónomos, el escaso número de especialistas que estarían dedicados a tan vastísima tarea.

Es decir, nuestros conocimientos de composición y propiedades de las comunidades son limitados y fragmentados. Con tantos huecos de información, ¿que hacer con los OVNI (organismos vivos no identificados, por citarlos de algún modo cuando no se sabe si son nativos o exóticos)? Como primera medida se los cataloga como especies criptogénicas (de origen desconocido).

A veces los criterios se basan en hechos históricos. En relación a las plantas introducidas en Europa, se las trata de arqueófitas o neófitas, según que hayan sido introducidas antes o después del descubrimiento de América.

Para la base de datos de nuestro país, se consideran especies introducidas aquellas cuyo rango de distribución original no incluía a la Argentina al momento de la colonización. Criterio válido para toda América. Es que para los europeos el intercambio con otras regiones como África y Asia suma milenios, mientras que para nosotros empezó hace poco más de 500 años.

Un siguiente paso es tratar de saber que especies introducidas pueden convertirse en invasoras, para minimizar sus impactos. Tarea nada sencilla, ya que la capacidad de predicción es baja.

Contar con un contexto más amplio en tiempo y espacio nos puede ayudar a interpretar mejor todo esto.
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